
Gardel era de pelo lacio, muy negro, ausente de canas, tenía cutis blanco y ojos pardos oscuros. Con una estatura de 1.70 –hay quienes le atribuyen sólo 1.67-, su peso promedio en los últimos años era de 76 quilos, logrados en base a severas sesiones de gimnasia y a una gran moderación en las comidas, lo cual le implicaba enormes sacrificios, ya que le gustaba rendir homenaje a la buena mesa, y era extremadamente glotón. Su bebida predilecta era el whisky, en ocasiones comenzaba a beber ya desde la mañana, llegando a ingerir grandes cantidades.
El físico de Gardel experimentó singulares cambios a través de su vida. Hacia 1917, mientras filmaba “Flor de Durazno”, se le atribuyeron sin exageraciones 116 quilos.
Es de señalar sin embargo, que en estados Unidos, su profesionalidad incidió grandemente para que se moderara en todo aquello que perjudicara su carrera. Llegó incluso a asociarse a un club de remo, haciendo periódicas salidas por el río Hudson, con gran espíritu de sacrificio, ya que le disgustaba ser visto en tal circunstancia.
Muchas crónicas de la época han hecho referencia a su condición de fumador empedernido, lo cual no favorecía su condición vocal, aunque su novia Isabel Martínez del Valle señalaba lo contrario.
Vestía Gardel con extrema pulcritud y esmero, usando trajes, camisas, sombreros y zapatos fabricados expresamente para él. En Montevideo, el industrial Fattoruso, había creado un modelo especial de calzado que acentuaba la altura del cantor.
La imagen de Gardel se difundió con una profusión que aún hoy asombra, decorando vidrieras de negocios, cabeceras de camas, medios de transporte; su nombre resulta adecuado para infinidad de tipos de negocios.
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